Análisis químico de la mujer
Símbolo: Mu.
Peso atómico.- 50 Kg, valor correspondiente a la media ponderada, ya que
se conocen muchos isótopos de geometría y tamaño muy diversos. Las
dimensiones atómicas del isótopo más preciado son 90x60x90 (Angstroms).
Historia.- El elemento fue descubierto por el alquimista Adán, quien
entusiasmado por el hallazgo abordó rápidamente su estudio. No obstante,
poco después, convencido de su peligrosidad y difícil manejo, abandonó
sus investigaciones. Algo se ha avanzado desde entonces, pero aún es
mucho lo que resta por saberse de este elemento.
Hasta los quince años se le encuentra químicamente puro; de ahí en
adelante, y hasta los ochenta, se encuentra mezclado con gran cantidad
de barnices, carbón ceras, sustancias grasas y cremas de olor
insoportable.
Estado natural.- Se encuentra en la naturaleza en grandes cantidades,
pudiendo adoptar diversos colores: negras, blancas, amarillas…
Propiedades físicas.- Elemento muy inestable, tiene un período de
semidesintegración de 28 días. Es muy frágil y nada maleable. Hierve con
el menor pretexto y se congela sin razón alguna. Pierde su agua de
cristalización (lágrimas) a la menor contrariedad. Es tan volátil que se
evapora cuando le da la realísima gana.
Propiedades químicas.- Se trata de un elemento químicamente muy
reactivo. Captan azufre (se sulfuran) con suma facilidad. Se acomplejan
muy fácilmente, incluso con los ligandos más extraños. Posee gran
afinidad por el oro, platino, plata y piedras preciosas. Es un reductor
muy enérgico (reduce las riquezas del varón rápidamente). En principio, y
dado su sabor amargo, se le consideró un ácido. Sin embargo, en otros
casos se asemeja más al NaOH (bien por lo de sosa, bien por lo de
cáustica); es decir, se comporta según le convenga. Es, pues, un
anfótero. Aunque la valencia más común es 1 (por falta de reactivo),
puede actuar con valencias muy superiores: poligamorfia. Desaloja a
todos los elementos de su familia. Pertenece al grupo de las “Tierras
raras”.
Marcha analítica del reconocimiento.
-Ensayos organolépticos: Olor, en general, agradable; sabor indescriptible; tacto: macizo.
-Precipita rápidamente frente a un millonario.
-Confunden al mejor químico: son capaces de hacer ver lo negro, blanco.
Usos.
- Muy ornamental; excelente como afrodisíaco.
Precauciones.- Dada su gran reactividad, sobre todo en caliente, deben
manipularse con extremo cuidado. En manos inexpertas pueden resultar
explosivas. A altas concentraciones (más de dos unidades juntas,
resultan especialmente peligrosas). En caso de intoxicación por contacto
con una excesiva cantidad (más de tres en una noche), se recomienda
reposo absoluto y dosis masivas de vitaminas y reconstituyentes
20140909
20140907
Caña de pescar
En el Corte Inglés de Sevilla la sección de deportes está de capa caída,
llaman a todos los jefes de sección el director general y les dice:
-Hay que aumentar las ventas en deportes, como sea, quien ponemos como vendedor estrella
- A Pepe, dicen todos.
Lo ponen y al de unos días el director se pasa por la sección y ve a Pepe con un cliente enseñándole cañas de pescar
Pepe le saca la mejor caña, le dice, con esta pescas atunes con facilidad, hombre, mira que caña mas fantástica, lo ultimo.
El cliente la mira y se la quiere llevar, luego le dice Pepe:
¿tienes bote para ir a pescar?
El cliente le dice que no, Pepe le enseña las ultimas zodiacs, le dice que casi planean, con el motor que les ha llegado.
El cliente le dice que se lo ponga, y Pepe le pregunta:
¿tienes remolque para la zodiac en el coche, el cliente le dice que no, entonces Pepe le enseña las novedades en remolques.
El cliente fascinado le dice, ponmelo todo.
Pepe cierra la venta.
El director cuando termina va a felicitar a Pepe, muy bien, Pepe, venia por una caña y le has vendido hasta un remolque para una zodiac con la embarcación incluida, eres un fenómeno.
Pepe le responde, que va, no venia por una caña, me lo he encontrado en el ascensor, venia por unas compresas para su mujer y le he dicho:
-Uy, cuando la mía tiene la regla se pone rarísima, me voy a pescar y vuelvo en unos días!
-Hay que aumentar las ventas en deportes, como sea, quien ponemos como vendedor estrella
- A Pepe, dicen todos.
Lo ponen y al de unos días el director se pasa por la sección y ve a Pepe con un cliente enseñándole cañas de pescar
Pepe le saca la mejor caña, le dice, con esta pescas atunes con facilidad, hombre, mira que caña mas fantástica, lo ultimo.
El cliente la mira y se la quiere llevar, luego le dice Pepe:
¿tienes bote para ir a pescar?
El cliente le dice que no, Pepe le enseña las ultimas zodiacs, le dice que casi planean, con el motor que les ha llegado.
El cliente le dice que se lo ponga, y Pepe le pregunta:
¿tienes remolque para la zodiac en el coche, el cliente le dice que no, entonces Pepe le enseña las novedades en remolques.
El cliente fascinado le dice, ponmelo todo.
Pepe cierra la venta.
El director cuando termina va a felicitar a Pepe, muy bien, Pepe, venia por una caña y le has vendido hasta un remolque para una zodiac con la embarcación incluida, eres un fenómeno.
Pepe le responde, que va, no venia por una caña, me lo he encontrado en el ascensor, venia por unas compresas para su mujer y le he dicho:
-Uy, cuando la mía tiene la regla se pone rarísima, me voy a pescar y vuelvo en unos días!
20140904
Hoy he despedido a mi Asistente
Hoy he despedido a mi Asistente
¿Por qué lo he despedido?
Era mi 37º cumpleaños, mi humor no estaba muy bien que digamos.
Aquella mañana, al despertar me dirigí a la cocina para tomar una taza de café a la espera de que mi marido me dijese: Feliz cumpleaños querida!
Pero no me dijo ni buenos días...
Y me dije a mí misma: ¿Ese es el hombre que yo me merezco?
Imaginaba: "Los niños seguro que se acordarán". Pero cuando llegaron para desayunar no dijeron ni una palabra. Así, salí de casa bastante desanimada, pero me sentí un poco mejor cuando entre en mi oficina y el becario universitario me dijo: "Buenos días, ingeniera, Feliz cumpleaños!"
Finalmente alguien se había acordado...
Trabajamos hasta el medio día, cuando un hombre que es mi asistente entró en mi despacho, diciendo: "Sabe Ingeniera.......hace un hermoso día y ya que es el día de su cumpleaños, podíamos almorzar juntos, solos usted y yo..."
Acepte, y fuimos a un lugar bastante reservado.
Nos divertimos mucho, y en el camino de vuelta, él propuso: "Con este día tan bonito, creo que no deberíamos volver a la oficina. Vamos hasta mi apartamento, y allí podemos tomar una copa."
Fuimos entonces para su apartamento, y mientras yo saboreaba un Martíni, él dijo: -"Si no le importa voy un momento hasta mi cuarto a ponerme una ropa un poco más cómoda."
"Está bien, como quieras", -respondí.
Pasados cinco minutos, más o menos, él salió del cuarto con un enorme Pastel con 37 velitas, seguido por mi marido, mis hijos, mis amigos y todo el personal de la oficina.
Y todos cantando, "Cumpleaños Feliz...!".
Y allí estaba yo, desnuda, sin sostén ni braguitas, echada en el sofá del salón... esperando al cabrón ese!!!
Por eso eché a ese mamón...
Esas cosas no se hacen....
¿Por qué lo he despedido?
Era mi 37º cumpleaños, mi humor no estaba muy bien que digamos.
Aquella mañana, al despertar me dirigí a la cocina para tomar una taza de café a la espera de que mi marido me dijese: Feliz cumpleaños querida!
Pero no me dijo ni buenos días...
Y me dije a mí misma: ¿Ese es el hombre que yo me merezco?
Imaginaba: "Los niños seguro que se acordarán". Pero cuando llegaron para desayunar no dijeron ni una palabra. Así, salí de casa bastante desanimada, pero me sentí un poco mejor cuando entre en mi oficina y el becario universitario me dijo: "Buenos días, ingeniera, Feliz cumpleaños!"
Finalmente alguien se había acordado...
Trabajamos hasta el medio día, cuando un hombre que es mi asistente entró en mi despacho, diciendo: "Sabe Ingeniera.......hace un hermoso día y ya que es el día de su cumpleaños, podíamos almorzar juntos, solos usted y yo..."
Acepte, y fuimos a un lugar bastante reservado.
Nos divertimos mucho, y en el camino de vuelta, él propuso: "Con este día tan bonito, creo que no deberíamos volver a la oficina. Vamos hasta mi apartamento, y allí podemos tomar una copa."
Fuimos entonces para su apartamento, y mientras yo saboreaba un Martíni, él dijo: -"Si no le importa voy un momento hasta mi cuarto a ponerme una ropa un poco más cómoda."
"Está bien, como quieras", -respondí.
Pasados cinco minutos, más o menos, él salió del cuarto con un enorme Pastel con 37 velitas, seguido por mi marido, mis hijos, mis amigos y todo el personal de la oficina.
Y todos cantando, "Cumpleaños Feliz...!".
Y allí estaba yo, desnuda, sin sostén ni braguitas, echada en el sofá del salón... esperando al cabrón ese!!!
Por eso eché a ese mamón...
Esas cosas no se hacen....
20140902
Ana y el caballo
Pongamos que un chico llamado Luis se siente atraído por una mujer
llamada Ana. Él le propone ir juntos al cine, ella acepta, se lo pasan
bien. Unas pocas noches después él le invita a ir a cenar, y de nuevo
están a gusto. Siguen viéndose regularmente, y un tiempo después ninguno
de ellos ve a ningún otro. Entonces, una noche cuando van hacia casa,
un pensamiento se le ocurre a Ana y, sin pensarlo realmente, dice:
– ¿Te das cuenta de que justo hoy hace seis meses que nos vemos?
Y entonces se hace el silencio en el coche. A Ana le parece un silencio estruendoso. Ella piensa:
– Vaya, me pregunto si le habrá molestado que yo haya dicho eso. Quizás se siente restringido por nuestra relación; quizás crea que yo estoy tratando de forzarle a alguna clase de obligación que él no desea, o sobre la que no está muy seguro.
Y Luis esta pensando:
– Vaya. Seis meses.
Y Ana piensa:
– Pero yo tampoco estoy segura de querer esta clase de relación. A veces me gustaría tener un poco mas de libertad, para tener tiempo de pensar sobre lo que yo realmente quiero, que no mantenga en la dirección a la que nos estamos dirigiendo lentamente... Quiero decir, ¿hacia dónde vamos? ¿Vamos simplemente a seguir viéndonos en este nivel de intimidad? ¿Nos dirigimos hacia el matrimonio? ¿Hijos? ¿Una vida juntos? ¿Estoy preparada para este nivel de compromiso? ¿Conozco realmente a esta persona?
Y Luis piensa:
– Así que eso significa que fue... veamos... febrero cuando comenzamos a salir, que fue justo después de dejar el coche en el taller, o sea que... veamos el cuentakilómetros... ¡Leche! Tengo que cambiarle el aceite al coche.
Y Ana piensa:
– Está disgustado. Puedo verlo en su cara. Quizá estoy interpretando esto completamente mal. Quizás quiere más de nuestra relación, más intimidad, más compromiso; quizá él ha notado antes que yo que yo estaba sintiendo algunas reservas. Sí, apuesto a que es eso. Por eso es tan reacio a decir nada sobre sus propios sentimientos: tiene miedo de ser rechazado.
Y Luis piensa:
– Y voy a tener que decirles que me miren la transmisión otra vez. No me importa lo que esos imbéciles digan, todavía no cambia bien. Y esta vez será mejor que no intenten echarle la culpa al frío. ¿Qué frío? Hay 30 grados fuera, y esta cosa cambia como un camión de basura, y yo les pago una pasta a esos ladrones incompetentes.
Y Ana está pensando:
– Está enfadado. Y no puedo culparle. Yo estaría enfadado, también. Dios, me siento tan culpable, haciéndole pasar por esto, pero no puedo evitar sentirme como me siento. Simple y llanamente, no estoy segura.
Y Luis piensa:
– Probablemente me dirán que sólo tiene tres meses de garantía. Eso es justo lo que van a decirme, los capullos.
Y Ana está pensando:
– Quizá soy demasiado idealista, esperando que venga un caballero en su caballo blanco, cuando estoy sentada al lado de una persona perfectamente buena, una persona con la que me gusta estar, una persona que realmente me importa, una persona a la que parezco importarle realmente. Una persona que sufre por causa de mis egocéntricas fantasías románticas de colegiala.
Y Luis piensa:
– ¿Garantía? ¿Quieren una garantía? Les daré una garantía. Cogeré su garantía y la...
– Luis –dice Ana en voz alta.
– ¿Qué? –dice Luis, sorprendido.
– ¡Por favor, no te tortures así! –dice ella, con un inicio de lágrimas en los ojos. Quizá nunca debí haber dicho... Oh, Dios, me siento tan...
Ana se interrumpe, sollozando.
– ¿Qué? –repite Luis.
– ¡Soy tan tonta! –solloza Ana–. Quiero decir, ya sé que no hay tal caballero. Realmente lo sé. Es estúpido. No hay caballero, ni caballo.
– ¿No hay caballo? –dice Luis.
– ¿Piensas que soy tonta, verdad? –dice Ana.
– ¡No! –dice Luis, contento por fin de conocer la respuesta adecuada.
– Es sólo que... sólo que... necesito algo de tiempo –dice Ana.
Hay una pausa de 15 segundos mientras Luis, pensando todo lo rápido que puede, trata de decir una respuesta segura. Finalmente se le ocurre una que cree que puede funcionar:
– Sí –dice Luis, tocando su mano.
– Oh, Luis, ¿realmente piensas eso? –dice ella.
– ¿El qué? –pregunta Luis.
– Eso sobre el tiempo –dice Ana.
– Oh, –dice Luis–, sí.
Ana se vuelve para mirarle y fija profundamente su mirada en sus ojos, haciendo que él se ponga muy nervioso sobre lo que ella puede decir luego, sobre todo si tiene que ver con un caballo. Al final, ella dice:
– Gracias, Luis.
– Gracias –dice Luis.
Entonces él la lleva a casa, y ella se tumba en su cama, un alma torturada y en conflicto, y llora hasta el amanecer, mientras que Luis vuelve a su casa, abre una bolsa de patatas, enciende la tele, e inmediatamente se encuentra inmerso en una retransmisión de un partido de tenis entre dos checos de los que nunca había oído hablar. Una débil voz en los más recónditos rincones de su mente le dice que algo importante pasaba en el coche, pero está bien seguro de que no hay forma de que pudiese entenderlo, así que opina que es mejor no pensar sobre ello. (Ésta es también la política de Luis acerca del hambre en el mundo.)
Al día siguiente, Ana llamará a su mejor amiga, o quizá a dos de ellas, y hablarán sobre la situación alrededor de seis horas seguidas. Con doloroso detalle, analizarán todo lo que ella dijo y todo lo que él dijo, pasando sobre cada punto una y otra vez, examinando cada palabra y cada gesto, considerando cada posible ramificación. Continuarán discutiendo el tema, una y otra vez, por semanas, quizás meses, sin llegar nunca a conclusiones definitivas, pero nunca aburriéndose de él, tampoco.
Mientras, Luis, un día mientras ve un partido de fútbol con un amigo común suyo y de Ana, durante los anuncios, fruncirá el ceño y dirá:
– Raúl, ¿tú sabes si Ana tuvo alguna vez un caballo?
– ¿Te das cuenta de que justo hoy hace seis meses que nos vemos?
Y entonces se hace el silencio en el coche. A Ana le parece un silencio estruendoso. Ella piensa:
– Vaya, me pregunto si le habrá molestado que yo haya dicho eso. Quizás se siente restringido por nuestra relación; quizás crea que yo estoy tratando de forzarle a alguna clase de obligación que él no desea, o sobre la que no está muy seguro.
Y Luis esta pensando:
– Vaya. Seis meses.
Y Ana piensa:
– Pero yo tampoco estoy segura de querer esta clase de relación. A veces me gustaría tener un poco mas de libertad, para tener tiempo de pensar sobre lo que yo realmente quiero, que no mantenga en la dirección a la que nos estamos dirigiendo lentamente... Quiero decir, ¿hacia dónde vamos? ¿Vamos simplemente a seguir viéndonos en este nivel de intimidad? ¿Nos dirigimos hacia el matrimonio? ¿Hijos? ¿Una vida juntos? ¿Estoy preparada para este nivel de compromiso? ¿Conozco realmente a esta persona?
Y Luis piensa:
– Así que eso significa que fue... veamos... febrero cuando comenzamos a salir, que fue justo después de dejar el coche en el taller, o sea que... veamos el cuentakilómetros... ¡Leche! Tengo que cambiarle el aceite al coche.
Y Ana piensa:
– Está disgustado. Puedo verlo en su cara. Quizá estoy interpretando esto completamente mal. Quizás quiere más de nuestra relación, más intimidad, más compromiso; quizá él ha notado antes que yo que yo estaba sintiendo algunas reservas. Sí, apuesto a que es eso. Por eso es tan reacio a decir nada sobre sus propios sentimientos: tiene miedo de ser rechazado.
Y Luis piensa:
– Y voy a tener que decirles que me miren la transmisión otra vez. No me importa lo que esos imbéciles digan, todavía no cambia bien. Y esta vez será mejor que no intenten echarle la culpa al frío. ¿Qué frío? Hay 30 grados fuera, y esta cosa cambia como un camión de basura, y yo les pago una pasta a esos ladrones incompetentes.
Y Ana está pensando:
– Está enfadado. Y no puedo culparle. Yo estaría enfadado, también. Dios, me siento tan culpable, haciéndole pasar por esto, pero no puedo evitar sentirme como me siento. Simple y llanamente, no estoy segura.
Y Luis piensa:
– Probablemente me dirán que sólo tiene tres meses de garantía. Eso es justo lo que van a decirme, los capullos.
Y Ana está pensando:
– Quizá soy demasiado idealista, esperando que venga un caballero en su caballo blanco, cuando estoy sentada al lado de una persona perfectamente buena, una persona con la que me gusta estar, una persona que realmente me importa, una persona a la que parezco importarle realmente. Una persona que sufre por causa de mis egocéntricas fantasías románticas de colegiala.
Y Luis piensa:
– ¿Garantía? ¿Quieren una garantía? Les daré una garantía. Cogeré su garantía y la...
– Luis –dice Ana en voz alta.
– ¿Qué? –dice Luis, sorprendido.
– ¡Por favor, no te tortures así! –dice ella, con un inicio de lágrimas en los ojos. Quizá nunca debí haber dicho... Oh, Dios, me siento tan...
Ana se interrumpe, sollozando.
– ¿Qué? –repite Luis.
– ¡Soy tan tonta! –solloza Ana–. Quiero decir, ya sé que no hay tal caballero. Realmente lo sé. Es estúpido. No hay caballero, ni caballo.
– ¿No hay caballo? –dice Luis.
– ¿Piensas que soy tonta, verdad? –dice Ana.
– ¡No! –dice Luis, contento por fin de conocer la respuesta adecuada.
– Es sólo que... sólo que... necesito algo de tiempo –dice Ana.
Hay una pausa de 15 segundos mientras Luis, pensando todo lo rápido que puede, trata de decir una respuesta segura. Finalmente se le ocurre una que cree que puede funcionar:
– Sí –dice Luis, tocando su mano.
– Oh, Luis, ¿realmente piensas eso? –dice ella.
– ¿El qué? –pregunta Luis.
– Eso sobre el tiempo –dice Ana.
– Oh, –dice Luis–, sí.
Ana se vuelve para mirarle y fija profundamente su mirada en sus ojos, haciendo que él se ponga muy nervioso sobre lo que ella puede decir luego, sobre todo si tiene que ver con un caballo. Al final, ella dice:
– Gracias, Luis.
– Gracias –dice Luis.
Entonces él la lleva a casa, y ella se tumba en su cama, un alma torturada y en conflicto, y llora hasta el amanecer, mientras que Luis vuelve a su casa, abre una bolsa de patatas, enciende la tele, e inmediatamente se encuentra inmerso en una retransmisión de un partido de tenis entre dos checos de los que nunca había oído hablar. Una débil voz en los más recónditos rincones de su mente le dice que algo importante pasaba en el coche, pero está bien seguro de que no hay forma de que pudiese entenderlo, así que opina que es mejor no pensar sobre ello. (Ésta es también la política de Luis acerca del hambre en el mundo.)
Al día siguiente, Ana llamará a su mejor amiga, o quizá a dos de ellas, y hablarán sobre la situación alrededor de seis horas seguidas. Con doloroso detalle, analizarán todo lo que ella dijo y todo lo que él dijo, pasando sobre cada punto una y otra vez, examinando cada palabra y cada gesto, considerando cada posible ramificación. Continuarán discutiendo el tema, una y otra vez, por semanas, quizás meses, sin llegar nunca a conclusiones definitivas, pero nunca aburriéndose de él, tampoco.
Mientras, Luis, un día mientras ve un partido de fútbol con un amigo común suyo y de Ana, durante los anuncios, fruncirá el ceño y dirá:
– Raúl, ¿tú sabes si Ana tuvo alguna vez un caballo?
20140521
¿Cuál es la diferencia entre multas e impuestos?
¿Cuál es la diferencia entre multas e impuestos?
Una multa es un impuesto por hacerlo mal.
Un impuesto es una multa por hacerlo bien.
Una multa es un impuesto por hacerlo mal.
Un impuesto es una multa por hacerlo bien.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)